Conversaciones

Pilar Rahola sobre la selectividad mediática y los mitos del relato público

La inmensa mayoría de los que hablan no saben nada, pero creen que lo saben todo.

26 de enero de 2025 · Publicado originalmente en jikatuTV · Ver original

Esta conversación con Pilar Rahola, periodista catalana corresponsal de guerra en Etiopía, Eritrea, los Balcanes y el Golfo, que cubrió la caída del Muro de Berlín, el asalto al Parlamento Ruso y la independencia báltica, aborda la mecánica del relato público contemporáneo: cómo se selecciona la atención, cómo se instalan los mitos, cómo opera la palabra que blanquea, y cómo el terror se reproduce a sí mismo como ideología totalitaria.

Las opiniones de la entrevistada son suyas; la sección Conversaciones no implica coincidencia doctrinal.

En diálogo con el capítulo El Espejo Algorítmico

No es cierto que a la gente le duelan todas las guerras. Solo le duelen las guerras que le enseñan por televisión.

Palabras de Pilar Rahola, en diálogo con La Razón Sitiada de Jimmy Baikovicius.


La selectividad de la atención

No es cierto que a la gente le duelan todas las guerras. Solo le duelen las guerras que le enseñan por televisión. Quien decide qué guerra te interesa y qué guerra no te interesa no es el ciudadano común, sino el medio de comunicación o el relato público.

La guerra de Yemen ha sido terrible y cruel. Ha durado años. Se calcula que llevamos alrededor de 400.000 muertos, y nunca he visto que saliera en televisión. La guerra de Siria la tuvimos en las puertas: la gente huía intentando entrar en Europa y, en Europa, les dijimos que no. Los veíamos morir intentando llegar y salir de su país, y nunca vi ninguna manifestación.

El mundo está lleno de conflictos. Pero el relato selecciona. No hay un relato sobre la víctima, sino un relato sobre el presunto culpable.

Los tres mitos del relato público

Hay tres mitos instalados que dificultan cualquier análisis objetivo.

El primer mito es la inversión de la víctima universal. Una corriente ideológica que se quedó sin héroes sustituye a los viejos luchadores contra el capitalismo por una nueva víctima universal. Antes era el obrero, el guerrillero. Ahora la causa cambia, pero la estructura permanece: alguien tiene que ser el oprimido absoluto, alguien tiene que ser el opresor absoluto. El mundo se reduce a una dicotomía simple que niega cualquier matiz.

El segundo mito es semántico. La prensa elige palabras. No habla de terroristas: habla de milicianos, de guerrilleros. El doble estándar opera con una violencia que mata civiles en Las Ramblas, en Londres, en Buenos Aires, en Bali. Reconoce el terror cuando ocurre en casa. Lo renombra cuando ocurre lejos. La palabra blanquea.

El tercer mito es categorial. Se presenta como causa territorial lo que es proyecto ideológico totalitario. Cuando una vicepresidenta de gobierno repite una consigna sin entender qué significa, no defiende a un pueblo: defiende un lema. La inmensa mayoría de los que hablan no saben nada, pero creen que lo saben todo.

El microscopio mundial

Hay una desproporción que pocos miden. Un pueblo de quince millones de personas y ocho mil millones que hablan de él. Desde las montañas del Nepal hasta cualquier pueblo de África o del sudeste asiático, todos saben que ese pueblo existe. No saben que existen los catalanes. No saben que existe cualquier pueblo en cualquier lugar de África. Pero saben que existen los judíos.

Y ahora que tenemos redes sociales, esos ocho mil millones tienen un canal de transmisión inmediato. La desproporción no es nueva. La velocidad sí.

La cultura de la cancelación

Han impuesto unos conceptos y nos han negado el debate. Han fijado una sentencia y eliminado la posibilidad de discutirla. Si tú defiendes algo distinto, ya no eres alguien con quien debatir: eres también un cómplice. Te cancelan. Te señalan.

En el aire del debate público no quedan dos posiciones enfrentadas: queda una posición canónica y una posición proscrita. La conversación no se gana ni se pierde. Se prohíbe.

Educación para la vida o educación para la muerte

La diferencia entre una educación para la vida y una educación para la muerte no es retórica. Es la diferencia entre la humanidad y la negación del futuro.

Cuando un niño debería estar adorando a sus ídolos infantiles y termina idolatrando a quienes mueren matando, no estamos ante una opción cultural. Estamos ante una ingeniería deliberada. El terror necesita que la generación siguiente herede el terror. Sin esa transmisión, el terror se extingue. Por eso el terror educa.

El terror como ideología totalitaria

Para quienes utilizan su religión, su nación, su raza o su causa para destruirlo todo: no hay dios, no hay raza. Solo hay mal.

El comunismo utilizó una causa, la justicia social, y masacró a millones. El nazismo utilizó la causa del ario y destruyó su propia nación. El islamismo radical utiliza a Dios y destruye a su gente.

Ideas diferentes. Motivos diferentes. Circunstancias diferentes. Pero la misma ideología: el terror. Ideología totalitaria. Nada más.

La verdad en zonas de guerra

He estado en zonas de guerra. Cuando estás en una zona de guerra, no puedes confiar en ninguna fuente. Porque en una guerra la verdad desaparece.

Sin embargo, la prensa internacional aplica un criterio asimétrico: cuando una información sale de un bando, la presenta entre comillas, como duda. Cuando sale del otro, la copia como titular. Esa asimetría no es periodismo. Es una posición previa disfrazada de cobertura.

El cierre

A pesar de todo, hay un núcleo que el relato no destruye. La gente, al final, quiere vivir. Las madres que lloran a sus hijos quisieran una situación en la cual sus hijos no se convirtieran en terroristas. La vida siempre tiene más fuerza que la muerte.

No es un consuelo. Es una observación. Mientras quede ese núcleo, el relato puede ser desarmado.


Eco doctrinal: capítulo El Espejo Algorítmico de La Razón Sitiada de Jimmy Baikovicius

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