Carlos Ott sobre la síntesis, el riesgo y la obra que sobrevive
Esta conversación con Carlos Ott, arquitecto uruguayo de la Ópera de la Bastilla de París y del MACA de la Fundación Atchugarry, fue grabada en junio de 2021. Ott es además el autor de las láminas interiores de La Razón Sitiada — grafito y acuarela sobre papel — y dejó escrita en una frase su doctrina estética para el libro: «Quizá la navaja va cortando la niebla y al hacerlo regula.» Se publica como diálogo editado.
Las opiniones del entrevistado son suyas; la sección Conversaciones no implica coincidencia doctrinal.
En diálogo con el capítulo Karl Popper
No estamos aquí para repetir, estamos aquí para crear.
Palabras de Carlos Ott, en diálogo con La Razón Sitiada de Jimmy Baikovicius.
La síntesis
Jimmy: ¿Cuántas veces tuviste que iterar para llegar a este diseño?
Carlos: Muchas.
Jimmy: Pablo me regaló el libro y veo los dibujos. El de la tapa tiene menos de treinta líneas, y lo ves y te enamorás con verlo.
Carlos: El dibujo te obliga a hacer una síntesis, y la síntesis es esencial. Todo proyecto requiere el detalle: cómo el hormigón va pegado a la madera y al vidrio. Pero ese primer concepto no puede perderse, porque tiene una espontaneidad que está en la base de la obra de arte. Después requiere mucho trabajo y mucha perfección. Pero ese élan, esa concepción del primer momento, ese primer trazo, hay que guardarlo siempre.
Jimmy: ¿Creés que la síntesis es el grado mayor de la conciencia humana?
Carlos: Yo creo. La síntesis obliga al cerebro humano, que es muy complejo y maneja todo tipo de información, a llevarlo a un punto. Permite concentrar muchísimos conceptos, muchísimas filosofías, muchísimos puntos de vista en algo: una nota musical, un trazo, una pintura, el dibujito de un edificio, el diseño de un automóvil. En la síntesis está el arte. Las grandes obras de la literatura: leés un cuento de Kafka que tiene unas pocas páginas y ahí está todo. Lo escribió hace más de cien años, en un contexto completamente diferente, y yo lo leo hoy en un país que no tiene nada que ver, en un idioma que no tiene nada que ver, y está ahí ese meollo que todos admiramos. Yo todas las mañanas escucho a Glenn Gould tocando las variaciones Goldberg de Bach. Cada día escucho algo diferente; cada vez me da algo diferente. Dios quiera que este edificio, para cada persona, en diferentes situaciones, le dé algo diferente.
El diálogo entre la obra y quien la mira
Jimmy: En la Ópera de la Bastilla el aspecto central era el sonido, lograr la perfección ahí y no tanto en las formas. ¿Qué buscás acá?
Carlos: Hay una similitud entre los dos. En los dos casos la obra arquitectónica, un museo, una sala de ópera, es simplemente el hábitat donde hay una relación entre el sujeto y el objeto: el espectador que está escuchando a María Callas cantando Norma de Bellini, o el visitante que va a ver la obra de Atchugarry. Y todo lo que está alrededor no puede molestar ese diálogo tan fructífero. Lo mismo en una iglesia, en una mezquita o en una sinagoga: todo lo que acompaña a la persona le tiene que ayudar a ese diálogo. Una biblioteca, donde el lector se sienta con su libro, tiene que ayudarlo a concentrarse y a entrar en esa obra. El que va al cine a ver una película de Antonioni: todo ese cine desaparece en el momento en que empiezan los actores. La razón de ser no es ese entorno: es propiciar ese diálogo. Y en eso creo que estamos volviendo a la síntesis: la síntesis de todo.
Las muchas formas
Jimmy: ¿Qué aprendiste de tus viajes, de las distintas culturas?
Carlos: He aprendido que nadie tiene el monopolio de la verdad. Que se puede pensar completamente diferente y los dos tienen razón, a condición de que se respete la opinión del otro, que es esencial. Eso te obliga a una humildad: lo que vos no creés, lo tenés que respetar. Si me preguntás cuál es mi estilo preferido, no sabría decirlo. Hay tantas formas de hacer un museo: puede ser blanco o negro, redondo o cuadrado, minimalista o barroco, y son todas válidas. Es como la música: me gusta Bach pero también me gustan los Beatles; te puede gustar Gershwin como te puede gustar Debussy. Me encanta Rembrandt, pero me gusta también Pollock. Eso es lo fantástico de la humanidad. La cocina en India es muy diferente a la de Francia, muy diferente a la de Uruguay, muy diferente a la de Japón, y son todas fabulosas.
El riesgo y la imaginación
Jimmy: ¿Cuántos riesgos estás dispuesto a tomar en una obra?
Carlos: Todos. Creo que si no arriesgás no vale la pena. No estamos aquí para repetir, estamos aquí para crear. El hombre siempre ha creado. El hombre, cuando nace, va a tener que romper barreras. Todas.
Jimmy: Me refiero a cuando no podés cuantificar. ¿En qué te guiás, en la intuición?
Carlos: Albert Einstein creo que dijo que la imaginación es más importante que la sabiduría, porque sabiendo sabés, pero sabés limitado; la imaginación no la controlás. Entra todo: la experiencia, los errores, la intuición, la suerte. Hace mucho tiempo entendí que caerse es inevitable y hay que aprender de las caídas. Yo nunca miro para atrás: lo que me importa son las cosas que tengo hoy en la cabeza para el futuro. Estamos haciendo una casa y está la opinión del marido y la de la esposa, que simplemente no coinciden. Y no es que vos seas Salomón: no podés cortar el bebé a la mitad. Tenés que escuchar las posiciones de los dos, y quizás la solución final es algo que ni este, ni esta, ni vos imaginaron. Ahí va la imaginación: romper esquemas, no repetir, buscar una nueva forma.
La obra como hijo
Jimmy: Leí tu expresión: cada una de tus obras es un hijo. ¿Te genera un peso extra?
Carlos: El arquitecto hace la obra y, una vez que la terminaste, deja de ser tuya. Este museo, cuando Pablo corte la cinta, ya no va a ser más de Pablo: va a ser de la gente que va a venir, y lo va a visitar, y lo va a cambiar, y lo va a modificar. Pablo quiere que este edificio dure cinco mil años; creo que va a durar más. Y como todo padre con su hijo, tenés que tener la generosidad de dejarlo ir. Es muy lindo tener al hijo chiquito, que lo vas controlando, que le vas enseñando, pero tarde o temprano desarrolla sus alas y vuela por sí solo. Es un acto de generosidad enorme: dejar que ese cordón umbilical se rompa y que el chico vuele con sus propias alas.
La única certeza
Jimmy: ¿Si pudieras elegir algo que te hiciera más libre, qué sería?
Carlos: Más tiempo, más tiempo. El tiempo es lo único que no podemos sustituir: el minuto que ya pasó es irrecuperable. Pero sé que no voy a vivir un segundo más de lo que tengo que vivir. No decidimos cuándo nacemos, ni decidimos cuándo nos vamos. Hay gente que cree en Dios y hay gente que no cree. Lo único que sabemos cuando nacemos es que vamos a morir. Es la única certeza que tenemos, así que hay que aceptarlo.
Jimmy: ¿Sentís que hacer una obra es, en cierta medida, no morir?
Carlos: Sin dudas. Y por eso Dostoievski escribe, y por eso Bach escribe, y por eso Antonioni filma, y por eso Atchugarry martilla el mármol, y por eso vos me hacés esta entrevista. Quizás dentro de mucho tiempo esta conversación va a ser vista como: mirá lo que hacían en 2021 en Uruguay.
Conversación grabada en Punta del Este, junio de 2021. Editado para lectura a partir del transcript original del video.
Eco doctrinal: capítulo Karl Popper de La Razón Sitiada de Jimmy Baikovicius