Conversaciones

Roberto Canessa sobre la realidad, los límites y la sociedad de la nieve

Muchos límites están dentro de nosotros mismos.

26 de mayo de 2020 · Publicado originalmente en jikatuTV · Ver original

Esta conversación con Roberto Canessa, cardiólogo pediátrico y uno de los dieciséis sobrevivientes de los Andes, fue grabada durante las primeras semanas de la pandemia. No aborda la política: expone el sustrato que la sostiene. La realidad aceptada sin coartada, el límite internalizado, la vida que se basta a sí misma. Se publica como diálogo editado. En una segunda conversación de jikatuTV dejó la fórmula de su equilibrio: «Lo más humano del hombre es lo básico.»

Las opiniones del entrevistado son suyas; la sección Conversaciones no implica coincidencia doctrinal.

Del capítulo Albert Camus

El absurdo exige ser habitado en su desnudez; la lucidez es el precio de la dignidad.

Del libro La Razón Sitiada de Jimmy Baikovicius.


La pasión por la realidad

Roberto: Yo creo que aceptar la realidad es la mejor manera de progresar. Eso decía Darwin: las especies que se adaptan son las que sobreviven; las que no se adaptan desaparecen. Yo tengo una gran pasión por la realidad. Me encanta la realidad. No me molesta que la realidad no sea buena, como esto de la pandemia. Creo que voy a extrañar la pandemia, porque me ha obligado a reprogramarme de una manera totalmente diferente. Ir a buscar la realidad en ese momento, para encontrarla y adaptarte. Y me encanta esa frase de Azucena: «La vida nos cambió totalmente, pero es la mejor, porque es la que nos toca.»

Los límites están adentro

Jimmy: Vos decís que no sos ejemplo de nada. ¿Por qué lo decís?

Roberto: Porque cada uno tiene sus posibilidades. Yo he sido un privilegiado de las posibilidades que me dio la vida; las cosas que he hecho, las hice porque se me dieron las posibilidades. Yo no puedo ser ejemplo para una persona que está en una silla de ruedas o para una persona que vive en la indigencia. Hice lo que tenía que hacer con lo que tenía. Cada uno tiene que ser ejemplo de sí mismo en las cosas que tiene que lograr. Pero me gusta forzar los límites. Me divierte el vértigo de que los límites estén afuera, porque creo que muchos límites están dentro de nosotros mismos. Cuando salí a caminar la montaña, el límite era llegar, y disfrutar de ir avanzando. Con los respiradores, ¿cuál era el límite? Llegar a un respirador.

Jimmy: Te debo una crítica: yo soy ingeniero, y no sentía que tu tiempo en los respiradores estuviera bien invertido. Es una máquina compleja, sofisticada.

Roberto: Nunca pensé yo hacer los respiradores. Siempre pensé juntar a la gente que los haga. Yo lo que no quería era que la epidemia se disparara y yo no haber hecho nada.

¿El virus es vida?

Jimmy: En un pasaje de tu libro decís que no nos queremos volver inorgánicos. Y ahora tenemos un virus que es información genética: dentro nuestro puede reproducirse, fuera es algo intermedio entre la vida y lo inorgánico. Y algo así está poniendo de rodillas a toda la humanidad.

Roberto: No: el virus es vida. El virus es vida dentro de la gente, como nosotros no podíamos ser vida en la montaña, porque lo inorgánico estaba afuera. ¿Qué sabés si el virus no tiene abuelos, nietos y padres? ¿Qué sabés qué siente un virus? ¿Con qué autoridad hablás de eso?

Jimmy: Quizá por la definición: por sí solo no puede reproducirse. Depende de un organismo.

Roberto: Son leyes que pusimos nosotros. Son sistemas vivos que coexisten. En el momento en que existe organización y estructura, yo creo que hay vida, porque la diferencia entre lo orgánico y lo inorgánico es que lo orgánico tiene un cierto porcentaje que lo guía una fuerza superior desconocida. Y al final, la enfermedad es la salud de los microbios y de los médicos: gracias a ellos viven.

La sociedad de la nieve

Jimmy: Después de casi cincuenta años más de vida, ¿algo de la sociedad del llano te resultó más difícil que la sociedad de la nieve?

Roberto: Sí. Mi hermano tuvo un accidente muy grande y estuvo en coma, y aprendí que mucho más triste que lo que te pasa a vos es lo que le pasa a un ser querido. Eso fue terrible. El lema de la montaña era: tal vez mañana, y mientras hay vida hay esperanza. Éramos muy poco ambiciosos. Es lo mismo con esta pandemia: tenemos que bajar las ambiciones. No puede ser que si no podés cambiar el auto no duermas. Esto nos ha dado un baño de humildad, de humanización. Estábamos muy materializados, y no me cabe duda de que el materialismo te paganiza: te saca la espiritualidad. Combatir el materialismo es una guerra que tengo y que me encanta llevar.

Jimmy: Vos decís que el desafío de la vida no es morir: es vivir bien.

Roberto: Sentirte feliz. Y la felicidad está en hacer felices a los demás. No está dentro tuyo la felicidad.

Jimmy: Leyendo el libro, Numa Turcatti me pegó fuerte. Lo vi como uno de los más luchadores. Contame de él.

Roberto: Él quería más a los demás que a sí mismo. Se postergó a sí mismo. Pesaba sesenta kilos y tenía que salir rápido, no podía esperar: si no, no te explicás que saliera a caminar al otro día con mocasines. Yo no soy tan generoso como el Numa, sin duda.

La suerte se entrena

Jimmy: Entrevisté hace poco a Diego Aguirre y usa mucho una frase: la suerte se entrena. Ustedes pasaron circunstancias donde cualquier esguince, cualquier caída, y quedaban en el camino. Y sin embargo no les pasó. ¿Cómo ves la suerte?

Roberto: En la cordillera nos habíamos alivianado mucho. Yo tenía una carrocería para ochenta kilos y pesaba cincuenta: era muy difícil que me hiciera un esguince pesando treinta por ciento menos. Fue transformar un problema en una ventaja. Y me acuerdo de un jugador de béisbol que hizo ocho home runs en un día. Le preguntaron: qué suerte tenés. Y dijo: «Cuanto más practico, más suerte tengo.»

De repente nos volvemos a ver

Roberto: Yo en el alud aprendí que la muerte no era tan terrible. Me estaba muriendo y decía: ¿esto es morirse? Y eso me enseñó a aceptar la muerte de los demás, de los pacientes que se me mueren. Se van a morir; bueno, por lo menos le robamos algunos.

Jimmy: No sé si será que uno madura, pero tengo un poco de curiosidad de la muerte, de saber cómo es. Qué decepción que se acabe todo, ¿no?

Roberto: Todo lo que se acaba es una decepción. Pero de repente no se acaba. De repente nos volvemos a ver.


Grabada en El Suspiro, Lavalleja, durante las primeras semanas de la pandemia. Editado para lectura a partir del transcript original del video.


Eco doctrinal: capítulo Albert Camus de La Razón Sitiada de Jimmy Baikovicius

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