Conversaciones

Roni Kaplan sobre las identidades que sobreviven y el relato público

Con Israel hablan, pero todo por debajo de la mesa.

10 de mayo de 2020 · Publicado originalmente en jikatuTV · Ver original

Esta conversación con Roni Kaplan, uruguayo-israelí, mayor en la reserva del ejército israelí y exsubjefe del enlace con Naciones Unidas en la frontera con el Líbano, fue grabada a distancia en mayo de 2020. Su eje no es la guerra: es la pertenencia. Las circunstancias que hacen al ser humano, las identidades que sobreviven a los Estados, y la distancia entre lo que un grupo permite decir en público y lo que sus miembros hacen en privado. Kaplan es también el protagonista del op-ed «El vocero como trofeo de un veredicto anticipado».

Las opiniones del entrevistado son suyas; la sección Conversaciones no implica coincidencia doctrinal.

En diálogo con el capítulo La patria como absoluto

Las identidades tradicionales demostraron tener mucho más poder de supervivencia que las identidades modernas.

Palabras de Roni Kaplan, en diálogo con La Razón Sitiada de Jimmy Baikovicius.


Las circunstancias y el ser humano

Jimmy: En Fauda, un joven llamado Bashar se entrena como boxeador con un israelí que se hace pasar por musulmán. Lo único que quería era ser un boxeador exitoso, y las circunstancias lo van llevando, poco a poco, a convertirse en terrorista. ¿Cuánto pesan las circunstancias frente a lo que cada persona es?

Roni: Es una pregunta filosófica profunda, y toda la filosofía moderna se debatió en ella: si es la existencia la que determina la conciencia, como decían los materialistas, por ejemplo Marx, o si es la conciencia la que determina la existencia, como decían los idealistas, por ejemplo Hegel. Para mí es un poco de las dos en el terreno. Uno tiene valores e ideas que plasman la realidad, y la realidad también hace a la forma en que uno piensa y vive. Casos como el de Bashar no son tirados de los pelos. Y dios quiera que en los próximos diez años ese mismo Bashar se vea influenciado por la innovación y se transforme en un gran innovador en Ramala, o donde viva. La vida lleva a veces a ese tipo de lugares, y es muy difícil juzgar al ser humano: cada uno tiene su bagaje cultural. Vos me contabas fuera de cámara que estuviste en el atentado terrorista de Barcelona: sabés lo que es vivir eso. No me cabe la menor duda de que la paz en Medio Oriente viene también por la mejora de las condiciones de existencia de todos los jugadores.

Las identidades que sobreviven

Roni: Cuando llegué a Israel, mi objetivo era hacer la paz. Venía con los pelos largos y las caravanas. Y cuando ves los primeros informes de inteligencia, en el ejército, te das cuenta de que no es tan simple. En América Latina también nos es difícil hacer la paz entre nuestras sociedades, y eso que el eje de ruptura es principalmente socioeconómico. Aquí tenés todo tipo de rupturas: el clivaje étnico, el religioso, el político. Y no es la diferencia entre el Frente Amplio y el Partido Blanco: son fuerzas que quieren devolver el pensamiento político a la época anterior a santo Tomás de Aquino, frente a fuerzas que quieren ir hacia adelante.

Jimmy: Dentro del grupo podés ser la mejor persona, la más solidaria, y saliendo del grupo y entrando a otro, ser algo completamente diferente. ¿Cuánto pesa el qué va a pensar la gente de mi grupo?

Roni: Totalmente, porque las identidades acá están muchas veces en contraposición. Fijate en un país como Siria, que tiene una gran heterogeneidad demográfica: podés ser sirio por un lado, musulmán por otro, chiita, y vivir en cierta zona. En las primaveras árabes lo que terminó primando fueron las identidades tradicionales. Lo más importante es que sos chiita, no que sos sirio. Las identidades tradicionales demostraron tener mucho más poder de supervivencia que las identidades modernas: las de pertenecer a una nación.

Jimmy: Imaginate que en Uruguay ser uruguayo y ser católico fueran dos cosas en contraposición. Una cosa rarísima.

Roni: Tiene que ver con las rupturas que hay dentro de las sociedades. En América Latina no nos sucede; acá sucede mucho.

La mano colgando

Roni: La primera vez que fui al Líbano yo era subjefe del enlace con Naciones Unidas, en el límite con el Líbano. Teníamos reuniones trilaterales: los generales libaneses, Naciones Unidas en el medio, nosotros. Termina la primera sesión, me acerco al jefe del ejército libanés y le extiendo la mano: «General, soy el mayor Kaplan. Estamos aquí para intentar mejorar las relaciones y disminuir la tensión en el límite entre Israel y el Líbano. Estoy a su disposición.» Estaban el resto de los libaneses mirando, y el tipo me deja la mano colgando.

Roni: Después suben todos al segundo piso. Yo bajo, no quedaba nadie abajo, y antes de abrir la puerta del baño veo que el general se me acerca y me extiende la mano: «Mayor Kaplan, usted me puede dar la mano, y puede venir a tomar un café conmigo cuando quiera. Pero ¿cómo me va a dar la mano delante de mis colegas? ¿Usted qué quiere, que me maten?» Esa es la gran lección aprendida del Medio Oriente: con Israel hablan, por distintos canales, en distintas épocas, según el caso, pero todo por debajo de la mesa. Porque los enemigos de mis enemigos son mis amigos, y los amigos de mis enemigos son mis enemigos. Nadie quiere que lo vean conversando con Israel. Y las conversaciones se dan todo el tiempo.

El espejo del tajkir

Roni: Está el tema del tajkir, la investigación: te permite todo el tiempo mirarte a vos mismo al espejo y, siempre y cuando digas la verdad, seguir avanzando en las lecciones aprendidas.

Jimmy: Tener una conciencia universal.

Roni: Exactamente, esa conciencia universal. Yo creo que los profetas de Israel, cuando hablan de eso en la Biblia, hablan exactamente de esa conciencia universal: entender que solamente juntos podemos enfrentarnos a los desafíos globales.

Coda: el gaucho judío

Jimmy: Para terminar, contame qué tenés atrás tuyo, que me llama la atención.

Roni: Esto es un gaucho judío, probablemente en la zona de Argentina. A fines del siglo XIX y principios del XX se llegó a inventar una palabra en Rusia, pogromo, para nombrar los ataques a las comunidades judías. Se necesitaba un refugio, porque las minorías judías sufrían mucha violencia, y el barón Hirsch, una persona de muchísimo dinero, decidió que el lugar era Argentina. La tierra de Israel era entonces una tierra desolada y triste, a la que nadie le ponía un peso. Muchos llegaron a lugares como Moisés Ville. Ahí están los famosos gauchos judíos: una persona que venía seguramente de Europa, y aquí se la ve tomando mate, en Argentina o en Uruguay quizás.


Conversación grabada a distancia en mayo de 2020. Editado para lectura a partir del transcript original del video.


Eco doctrinal: capítulo La patria como absoluto de La Razón Sitiada de Jimmy Baikovicius

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